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Hacía muchísimo tiempo que no me embargaba una sensación de embeleso como la de hace unas fechas: entré por las puertas del BANCO DE ALIMENTOS DE SEVILLA (BAS para los amigos). Y entré para quedarme. El término mejor para definir la sensación es “adekaya“.

Y mira que he atravesado variopintas puertas de tantas y tantas organizaciones de toda índole en mi carrera profesional: desde las que ostentaban babilónicas recepciones, pasando por las que me recibieron en la cabina de pesaje de entrada de mercancías, las que para entrar había que hacer un máster en seguridad, hasta las que me recibieron en despachos cuasi-papales, y, por supuesto, oficinas humildes donde se levanta el país a base de esfuerzo, coraje, determinación y horas de insomnio; pero como la puerta de BAS, ninguna. 

¿Por qué lo hice? En mi CV tengo identificado un par de cosas que a estas alturas de mi vida me quedaban por hacer: la primera, aprender el lenguaje de signos (sí, el inglés está muy bien, pero este lenguaje me llenará más) y, la segunda, hacer un voluntariado activo (el pasivo lo llevo ejerciendo desde hace mucho tiempo). La primera la sigo teniendo en el débito; la segunda es un activo ya de mi balance vital.

¿Cómo fue el origen? Una ponencia de BAS en unas jornadas sobre “RSE en tiempos de crisis” me hizo generar in situ la idea de cómo, a través de mi competencia profesional, podría echar una mano. Reconozco que no empleé ninguna técnica de creatividad de esas que enseño; simplemente apliqué gestión de la calidad: una necesidad explícita y unas características que cumplen con los requisitos de aquélla. Se unen y…

Tras el embargo de emociones inicial a la entrada, las conversaciones fueron abriendo un abanico de posibilidades que me fue colmatando el ánimo y el convencimiento de que este objetivo personal estaba más que adecuadamente establecido y apropiadamente perseguido.

Todos necesitamos manos que no titubeen. La responsabilidad tiene muchas vertientes, entre ellas, las deudas internas. Y no hay peor acción que la inacción. Este es el THINKING POINT.

FRASESARIO

“Vive de modo tal que cuando tus hijos piensen en la justicia y en la integridad, piensen en ti” (J.BROWN)

Otro THINKING POINT como una

LUPA LUPERA

Qué sensación inalienable de descanso me ha recorrido el interior al ver las caras de entusiasmo de las personas que me atendieron en BANCO DE ALIMENTOS DE SEVILLA, la mayoría de ellas con edad ya para estar preocupadas más de sí que de los demás (¡pero no!), más, sobre todo, al escuchar reiteradamente tantos agradecimientos por haber aparecido por allí. Y como acabo de empezar, creo que con el tiempo me sentiré henchido de placer, por lo que no cambio esto por “na de na”.

 

Una maravilla para terminar: